domingo, 23 de diciembre de 2007

Querido Balthus, yo también perdí a mi gato (Fragmento)

a Elma Murrugarra


La noche que perdí a mi gato tuve un sueño.
Yo iba a la tienda a comprar algo,
un carro frenó de repente.
Yo miré la calle desierta,
ya no iba a comprar algo.
Mi gato estaba muerto tirado en la calle muerta.

La noche que perdí a mi gato, Balthus querido,
yo sólo tenía seis años.

3 comentarios:

Ely dijo...

Por esa edad estaba yo cuando perdí una muñeca que tenía un valor tremendamente especial para mi. Ciertamente el juguete, como objeto inanimado y carente de vida permanecía insensible a la situación, pero contrario a esto, era para mi, ely -yo- y mi muñeca, como nombre y apellido, dos partes: un todo.

Ese día mi madre la labó y como la pobre no terminó de secarse permaneció colgada de las trenzas en una cuerda de nylon. Por la noche, como en tu poema, tuve presagios incisivos, tozudos, que no me dejaron dormir tranquila, y me hicieron despertar a mis padres a media noche para pedirles que la metieran porque afuera había una tormenta terrible y no podía soportar la imagen de la muñeca temiéndole a los truenos. Se negaron.

Al día siguiente la muñeca no estaba, alguien se había pasado por el alhambrado y se la había llevado. Teníamos de vecinos familias grandes con muchos niños.

Bueno, creo que me alargué un mucho... fueron imágenes que me trajeron tus palabras. Felicidades por tu blog y gracias por la invitación a visitarlo. È tutto, ely.

Lázaro Aramís de Troyes dijo...

Con todo y todo, y pese a mi edad (lo cual obviamente no significa nada, aunque sí puede resultar algo curioso), encontré este libro especialmente agradable. No había tenido la oportunidad de decírtelo y hacerte saber mi sincera admiración.
Un abrazo.

Juan Carlos Cabrera Pons

elma dijo...

muchas gracias, álvaro!